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El Petí Príncipe Andalú

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Le Petí Prince Andalú

El Petí Príncipe Andalú

No imaginaban aquellos frailes de Santo Domingo de Silos y de San Millán de la Cogolla, que aquellas pequeñas anotaciones del latín en aquel burdo castellano fuesen a convertirse en la lengua de Cervantes y en las novelas de Delibes.

Llamémoslo un proto idioma una protolengua qué habría de dar oradores ilustres y escritores más ilustres todavía.

La mezcla entre latín árabe darían como resultado el castellano. Los hay que piensan que el mejor castellano se habla en Valladolid o Madrid. Todo es discutible en la patria de las mil madres.


Quizá tengamos que hablar también del andaluz, ¿por qué no?. Ya no como dialecto, sino como una lengua propia, sería difícil imaginar un andaluz exclusivo, pues hay palabras y expresiones propias de cada uno de los pueblos de Andalucía como por ejemplo:

“antié”, antes de ayer, usado normalmente cuando le dices a alguien que eso que pretende no se va a cumplir nunca.

“abajóntile” y arribóntile”, abajo y arriba, que se usa cuando el lugar donde se pretende llegal está abajo o arriba de la posición que uno ocupa.

“te pongaen crú”, te pongas en cruz, de uso cuando alguien pretende colarse o irse sin pagar, y que viene a decir, poco más o menos, que “ya te puedes poner en cruz que lo que pretendes no lo vas a hacer.

Difícilmente podrían caber estas acepciones y otras muchas en el libro de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. y sin embargo El profesor Juan Porras ha tenido el gusto o el disgusto según se mire de traducirlo al andaluz de la Argabia, Málaga.

Una osadía por la que le han llovido críticas, mofas y befas de todo color y sabor, y es que nadie es profeta en su tierra por eso nos huyen los Picasso, o se destierran los Machado o peor, se fusila a los García Lorca. Lo que marca la diferencia siempre asusta un poco.

Se podría hablar porque no de que en realidad el castellano es un dialecto del andaluz, por Andalucía pasado todos los pueblos y desde Andalucía se ha recorrido España de sur a norte, dejando la impronta andaluza en todos los demás territorios.

La historia nos avala, romanos, cartagineses, fenicios, árabes y más lejos aún todo aquello que traíamos de América, con nuevas palabras y nuevas formas de hacer las cosas, mejorando primero el andaluz y después el idioma castellano.

También se puede hablar de que todos los idiomas tienden al apócope es decir mucho con pocas palabras. Nosotros los andaluces según dicen por ahí, los listillos de medio pelo, nos las comemos todas las letras y hablamos muy rápido…. eso es porque tenemos muchas cosas que hacer y poco tiempo para tertulias.

Podría decirse que nosotros estamos hablando en este  el castellano que se hablará dentro de 100 años en el resto de la península, mientras que algún “estirao” de MadriZ, se llevará la gloria sentado en su sillón “w” minúscula, limpiando fijando y dando esplendor al idioma, como si fuera de su uso exclusivo. Cuando la lengua es del pueblo, de él parte y a él sirve, sin distinguir analfabetos de masteres en Deusto.

La lengua andaluza es la que nos une, de verdad, con “toa suh diferensiah y perticulariare”

Amo mis “h” aspiradas, mis ceceos, mis seseos, mis laísmos, mis dejes y mis giros, porque yo soy quien lo pare y yo soy quien lo usa. Que como hacía Juan Ramón Jiménez, escribía con la “g” o con la “j” cuando sonaban igua,l porque no tenía tiempo para reglas tontas, sino para escribir y ganar el premio Novel.

Recuerden que lo que “ora causa risa, mañana admirémoslo”

Fernando y Viera

 

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