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LA DIMISIÓN DE SUSANA DÍAZ

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LA DIMISIÓN DE SUSANA DÍAZ
Juan Antonio Molina
 
Susana Díaz Pacheco parece especializada en noches electorales amargas, luego de los resultados que cosechó en las primarias del PSOE, y su estrepitosa derrota orgánica, en los comicios celebrados el día 3 volvió a comprobar el rechazo contundente a su candidatura. El historial político reciente de la hasta ahora presidenta de la Junta de Andalucía no puede ser más deslucido, torpe y doloso, desde el golpe de mano para hacerse con el poder partidario, defenestrar al secretario general después de impedirle con imposibles líneas rojas el acceso a la presidencia del Gobierno, facilitar la continuidad en la Moncloa de Mariano Rajoy, la impasibilidad ante la creación de fracturas dolorosas en el PSOE si ello conllevaba ganar espacios de poder, hasta, después de la derrota en las primarias, refugiarse en Andalucía en una actitud ególatra de resistencia, mediante el ejercicio de un populismo ramplón e intelectualmente grosero y con unos planteamientos de un castizo conservadurismo. Todo ello, ha propiciado una inhibición del electorado de izquierda ante el rechazo al liderazgo de Susana Díaz, que después de su derrota en las primarias, debió, en el contexto de la lógica democrática orgánica, dimitir por el abrumador rechazo de las bases socialistas. Empero, Díaz sigue resistiendo, pero el que no puede resistir más es el socialismo andaluz.
Por muy sorprendentes que pudieran haber parecido los resultados electorales, singularmente, la irrupción de Vox, no es en sí mismo un constructo especialmente complejo, teniendo en cuenta la “institucionalización” de los partidos sistémicos, incluido ya esa mezcolanza de “Adelante Andalucía” que desaprovecha entre desavenencias el potencial significante y emocional de Podemos para diluirse en una sopa de letras donde aparecen destacadas figuras del andalucismo que hace tiempo expulsó el electorado de la vida pública andaluza. Y los tres partidos tradicionales, PSOE, PP y Ciudadanos, que gracias al conservadurismo chusquero de Díaz se habían homogeneizado en exceso. Es por ello, que el voto a Vox no es tanto un voto a la ultraderecha –en España en comparación con Europa el PP o C’s podrían considerarse partidos ultraderechistas-, como a los elementos transgresores que pudieran representar las periferias institucionales y de poder. El desgaste social ha sido tan intenso como para que todo el sistema de poder en Andalucía se venga abajo.
, Susana Díaz Pacheco debió dimitir esa misma noche, reconstruir la izquierda en Andalucía es una tarea que sobrepasa con mucho su capacidad y su voluntad política, dedicadas en exclusiva al usufructo suntuoso del poder. Han sido batallas donde se ha pasado del dominum rerum al delirium tremens con esa ligereza que concede el vacío argumental; amortizada la ideología y los valores políticos, el poder queda como naturaleza, pero la naturaleza es estiércol, nos dice Adorno, y el concepto “natural” de que sólo la fuerza astuta, que sobrevive, tiene razón. De este modo, el líder, o lideresa, se convierte en un fin en sí mismo. Y así como el objetivo es algo que se puede alcanzar o no, el fin es algo que se cumple continuamente. Para ello, las responsabilidades políticas, orgánicas e institucionales, sólo pueden ser ejercidas por agnados, cognados, afines y adheridos en una reinvención de la devotio ibérica. Las redes clientelares son también la naturaleza de la política como estricta estratagema sin contenido, coágulo sustantífico de la teoría del poder que asume como dogma que las ideologías resbalan sobre la sociedad, que la dejan intactas, que son expectoradas por ella.
 
 
 

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