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10 años de una tragedia, el día que muchos fueron ángeles

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riada

Hace 10 años ya, pero hay cosas que cuando te toca vivirlas no se pueden olvidar. Seguramente muchos lectores podrán explicar esto mucho mejor que yo por lo que vivieron y de antemano pido disculpas por mi pobre texto.

Iba con un gran amigo mío cuando el cielo empezó a cambiar, unas nubes cargadas de daño y muerte paraban sobre nosotros y empezaban a descargar, con un ruido atronador, unos granizos como nunca había visto. Caían rompiendo cristales, toldos, persianas, muebles, abollando coches… Tuvimos que salir corriendo para refugiarnos en unos soportales.

De pronto se hizo el silencio, toda la gente que estábamos más o menos cerca nos mirábamos atónitos… pero esto acababa de empezar, tras el silencio, una lluvia torrencial, mucha, mucha lluvia. El agua caía sobre la capa de hielo que había en el suelo y empezaba a crecer.


Montamos en el coche con dirección al Duque, mientras intentábamos hablar con nuestras familias y nada, no había cobertura.

Por el camino tuvimos que ayudar a diferentes conductores que intentaban salir de algún que otro “lago” formado en segundos y seguía lloviendo, ¡Dios!, teníamos agua por todas partes.

riadaAl llegar al Duque el agua empezaba a crecer, en cuestión de minutos más de medio metro de agua corría calle La Mina hacia el puente, cargada de motos, contenedores, coches, animales y personas, algunas de ellas con las ropas arrancadas y llenas de golpes.

Hicimos todo lo que pudimos en esos momentos de horror para ayudar, poner cordura, actuación y orden en lo que estaba sucediendo, era muy grave, muy duro, tengo escenas y conversaciones que nunca se me olvidarán. Quiero agradecer a las fuerzas de seguridad, protección civil, cruz roja, policía, ejército, servicios de urgencia y sanitarios su impagable trabajo y cómo nos ayudaron, de verdad.

Subimos hacia la zona de la placita y vimos como los coches estaban apilados formando verdaderas presas con el agua, eran imágenes dantescas, gente en zajuanes tapados con toallas y mantas, comercios inundados, ahogando el esfuerzo de muchos años de trabajo en sólo minutos. Fue cuando nos enteramos que esas malditas nubes, que desde el cielo nos castigaron de esa forma, se habían llevado desgraciadamente la vida de dos Alcalareñas.

Pero con lo que no contaban esas nubes asesinas era que habían elegido una ciudad de valientes, de Alcalareños y Alcalareñas que hicieron cadenas humanas para salvar vidas, que se jugaron las suyas para ayudar a quienes no conocían, que fueron todos un perfecto ejército bien entrenado de héroes y heroínas que no dudaron ni un momento en darlo todo por los que estaban en peligro.

Desde rescates imposibles a cuidados, toallas, mantas, un abrazo, un gesto que tranquilizara ese momento. Un ejercito valiente, solidario, unido, sin miedo, una demostración de lo mejor del ser humano.

Ese día sacamos lo mejor que tenemos la gente de aquí, ese día que todos fuímos un poco angeles custodios.

Lo digo desde la admiración y desde la nostalgia, echo de menos esos gestos solidarios masivos, esas ganas de ayudar, ese orgullo de ser de aquí, ese ayudarnos porque sí, ese lado bueno del corazón que tenemos y que cada vez extraño más en Alcalá.

JLDíaz

 

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